Cómo lavar las toallas para que queden suaves y esponjosas

Seguro que más de una vez te has preguntado por qué tus toallas pierden esa suavidad tan agradable con el paso del tiempo y se quedan ásperas. Aunque parezca mentira, el truco no reside en gastar más dinero en productos caros del supermercado, sino en cambiar algunos hábitos diarios en la colada que solemos hacer mal sin darnos cuenta.

Errores comunes al lavar y secar las toallas

Antes de pasar al método infalible, conviene repasar esos fallos clásicos que arruinan las fibras textiles:

  • El peligro del suavizante: Estos productos comerciales suelen contener siliconas o grasas animales que recubren el tejido. Aunque dan una sensación falsa de suavidad al principio, a la larga impiden que la toalla absorba bien el agua y la dejan apelmazada.
  • Pasarse con el detergente: Los fabricantes siempre recomiendan una cantidad excesiva para que gastemos más producto. Pon solo una tercera parte de lo que indica el envase; el jabón sobrante se acumula entre las fibras y endurece la tela.
  • Sobrecargar el tambor: Meter ropa a presión impide que el agua y el jabón actúen correctamente.
  • Secado al sol directo: Dejar las toallas expuestas al sol del mediodía durante horas hace que la fibra se cuartee y pierda flexibilidad. Es mejor optar por zonas frescas y bien ventiladas.

El método definitivo: Vinagre y bicarbonato

Para devolverles la esponjosidad y eliminar cualquier rastro de cal o malos olores, podemos seguir un sencillo proceso en dos pasos muy económicos.

Primer paso: Adiós a la cal con vinagre blanco

En zonas con aguas muy duras, como ocurre en el levante español, el calcio se acumula en los tejidos y los vuelve rígidos. Para solucionarlo, introduce las toallas en la lavadora sin nada de detergente. Añade una taza de vinagre blanco directamente en la cubeta del suavizante y programa un ciclo de lavado largo a unos 40 grados. El ácido acético se encargará de disolver todos los minerales acumulados.

Segundo paso: Neutraliza olores con bicarbonato

Si las toallas han acumulado humedad o malos olores por haber usado suavizante durante años, realiza un segundo ciclo corto (o añade media taza de bicarbonato de sodio en la lavadora). Programa de nuevo otro lavado a 40 grados sin detergente. El resultado te sorprenderá: obtendrás un tacto similar al algodón de azúcar que encantará tanto a las personas como a tus mascotas, totalmente libres de olores extraños.

El truco de la secadora

Si tienes la suerte de contar con una máquina secadora, introduce dos o tres pelotas de tenis junto con las toallas mojadas. Al dar vueltas, irán golpeando el tejido de forma natural, rompiendo las fibras endurecidas y liberando cualquier resto de suciedad o cal retenida.