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Cómo limpiar el lavavajillas a fondo y eliminar por completo el mal olor

25 de may. de 2026

Si notas que tu lavavajillas empieza a desprender un olor desagradable o simplemente no limpia como antes, ha llegado el momento de hacer una limpieza a fondo. No basta con poner un programa vacío con un producto cualquiera; hay que atacar los puntos críticos donde se acumulan la grasa y los restos de comida.

Desmontar las piezas clave para un remojo eficaz

El primer paso consiste en retirar todos los elementos extraíbles del interior del aparato. De esta forma, podremos limpiarlos de manera individual y mucho más cómoda.

El filtro y los brazos aspersores

El filtro suele estar en el centro de la base y se extrae con un simple giro hacia la izquierda. Si el aparato huele mal, casi con total seguridad el culpable es este componente acumulando suciedad. Retira también la rejilla protectora si tu modelo la incluye. Por otro lado, muchos modelos permiten desmontar los brazos aspersores girándolos suavemente. Limpiar estas aspas es fundamental porque los restos de comida pueden obstruir los orificios de salida del agua, impidiendo que la vajilla se lave correctamente.

El baño desengrasante en el fregadero

Para limpiar estas piezas sin esfuerzo, lo mejor es dejarlas a remojo en el fregadero con agua muy caliente, un buen chorro de jabón lavavajillas líquido concentrado y una taza de vinagre blanco. El jabón actuará como un potente desengrasante, mientras que el vinagre descalcificará y eliminará los malos olores de forma natural. Déjalas reposar unos diez minutos para que la mezcla haga su trabajo.

Limpieza a mano del interior de la máquina

Mientras las piezas se remojan en el fregadero, toca trabajar en el interior de la cabina del electrodoméstico.

Atención a las juntas y los rincones ocultos

Prepara una mezcla con una taza de vinagre blanco, una cucharadita de jabón lavavajillas y una taza de agua templada en un pulverizador. Rocía bien las paredes, pero concéntrate especialmente en las gomas de sellado y los bordes de la puerta. Estas zonas quedan aisladas del agua durante los ciclos de lavado, por lo que acumulan una cantidad asombrosa de suciedad y moho. Usa un cepillo de dientes usado para frotar los rincones difíciles y luego aclara con una bayeta húmeda.

El truco de la base de la puerta

Hay un punto que casi todo el mundo olvida: la parte inferior de la puerta, justo en la bisagra. Al abrirse, acumula grasa que no se ve a simple vista pero que genera un olor terrible con el paso del tiempo. No dejes pasar este rincón. Por otro lado, es normal que quede un poco de agua en el hueco del filtro, pero si el nivel es muy alto, podría haber una obstrucción. Retira esa agua acumulada con una bayeta absorbente para poder limpiar la zona a fondo y descartar atascos.

Puesta a punto y ciclo de lavado final

Tras frotar el filtro y las aspas con el cepillo de dientes (puedes usar algo más fino para desatascar las boquillas de las aspas), vuelve a montarlo todo en su sitio asegurándote de que encajen bien y que las aspas giren sin obstáculos.

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El error común con las pastillas limpiadoras

Para terminar la desinfección, utiliza una pastilla o monodosis específica para limpiar lavavajillas. Estas cápsulas contienen ácido cítrico, ideal para disolver la cal y la grasa incrustada en las tuberías internas que no podemos ver. Un error muy habitual es tirar la pastilla directamente al fondo del aparato; si haces esto, el limpiador se perderá con el primer desagüe de aclarado antes de comenzar el ciclo real. Colócala siempre en el cajetín del detergente. Selecciona un programa de lavado normal o uno específico de limpieza con temperatura elevada.

Cómo mantener el lavavajillas impecable por más tiempo

Para evitar tener que hacer limpiezas tan profundas de forma continuada, sigue estas pautas sencillas:

  • Limpia el filtro al menos una vez al mes, o cada dos semanas si pones el lavavajillas a diario o sois muchos en casa.
  • Utiliza una pastilla limpiadora de mantenimiento una vez al mes para evitar acumulaciones de cal y grasa.
  • Limpia la superficie exterior con agua y un poco de jabón neutro, secando con una bayeta de microfibra limpia para evitar marcas y dejar un acabado brillante.

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